Los candidatos presidenciales han presentado sus respectivos planes de gobierno. En ambos casos –los de Ricardo Martinelli y los de Balbina Herrera– se alejan en una u otra medida del proyecto de gobierno de la actual administración. Es natural que haya diferencias en algunos aspectos, pero lo cierto es que no hay seguimiento en las obras del Estado. Ese decir, no existe una definición a largo plazo de las obras o programas que debemos desarrollar como Estado.
La mayoría de los planes están hechos para que se ejecuten en cinco años, cuando todos sabemos que en muchos casos no se puede lograr. Los políticos –sin importar el color de su partido– tienen el deber ciudadano de hacer a un lado sus diferencias y planificar nuestras metas a largo plazo, de definir el país que queremos ser y de comprometerse a ejecutar esos planes. Ya está bueno de venir con su “librito”; de despilfarrar cientos de millones de dólares por el simple capricho de no dar continuidad a los planes, porque son del “otro” gobierno. Los elegimos para administrar una empresa llamada Estado, no para llenarse los bolsillos a costa del nuestro.