El Carnaval llega a su último día. Cuatro días de desenfreno terminarán en medio de una cruda realidad. Este año el Gobierno destinó 5 millones de dólares para amenizar una fiesta que deja un acre sabor político, pues tanto derroche evidentemente pretende alegrar a las masas votantes. No hubo ahorros ni recortes ni austeridad, tal parece que el dinero nos sobra para celebrar a manos llenas.
¿Con qué cara se pueden negar los aumentos de salario? ¿Cómo se justifica que no haya fondos para reparar calles o escuelas ni para equipar a los bomberos, cuando sí hay plata para la parranda? El Presidente parece darle a esta fiesta la misma importancia que a sus programas sociales o a sus inagotables planes de subsidio. En total, esta administración se ha gastado en la farsa del Carnaval la friolera de más de 13 millones de dólares. Sí, ¡sí se pudo!