Los países que estamos tratando de lograr nuestro desarrollo, cargamos con un pesado lastre que hace casi imposible alcanzar nuestras metas. Voceros del Ministerio de Obras Públicas (MOP) admiten que en el último lustro han gastado más de mil millones de dólares en reparar calles. Nada de malo habría en ello, si no fuera porque sus técnicos saben de antemano que muchas calles y carreteras están hechas sin la calidad que exigen nuestras normas, de manera que gastar dinero en emparchar es solo la forma de salir del paso.
Si el MOP tuviera programas serios de mantenimiento; si contáramos con especialistas que exigen el cumplimiento de las normas de calidad y si las autoridades comenzaran a cumplir cabalmente su trabajo, tal desperdicio de dinero no existiría. Pero es más fácil salir a tapar huecos que idear un plan de conservación de nuestra red vial. Puede más practicar la política barata, que crear un país con metas y objetivos. Ese es nuestro torpe lastre y lo cargaremos hasta que los ciudadanos maduremos políticamente.