La democracia del continente acaba de perder a uno de sus mejores hijos. Raúl Alfonsín, valiente combatiente contra la dictadura y comprometido defensor de los derechos humanos, lideró como estadista la difícil transición política argentina. Sentó el precedente en América Latina de llevar a la justicia a los miembros de las sangrientas juntas militares. Ante una de las varias intentonas golpistas que sufrió de parte de los todavía poderosos uniformados, los desafió públicamente con su célebre frase: “la democracia no se negocia”. Dispuso que la lucha antiterrorista pasara a la Policía y buscó desbaratar el nocivo pacto que las dirigencias sindicales mantenían con el poder. Y como testimonio de integridad insoslayable en su larga trayectoria política, murió en el mismo modesto departamento de la avenida Santa Fe que habitó antes y después de su paso por la Presidencia de la República. ¡Cuántos obituarios podrán imitar al de Alfonsín, en el mar de corrupción en que naufraga la Argentina y el resto de nuestros países!
Hoy por Hoy 2009/04/02
02 abr 2009 - 12:00 A M
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