Resulta irónico que un país que durante los últimos tres años ha reflejado un crecimiento económico sostenido, que ha destinado recursos millonarios para la celebración de los carnavales capitalinos, e invertido millones de dólares en una cinta costera, no haya brindado una solución definitiva para alivianar la carga que pesa, desde hace casi tres años, sobre los hombros de cientos de personas que viven día a día esperando la muerte debido al envenenamiento por dietilene glycol, la crisis de salud más grande de nuestra historia.
La indolencia de este gobierno ante esta cruda realidad, esperamos no sea ejemplo para quien gobierne el país durante los próximo cinco años. Recordemos, señores candidatos, que quienes hoy sufren son víctimas de la negligencia del gobierno, por lo que le corresponde a este y solo a este –y por ende a quienquiera que esté a la cabeza– resolver esta situación, sin buscar más excusas fútiles como la demora de las investigaciones y procesos judiciales. ¡Es hora de dar la cara!