La pobreza que sigue golpeando nuestra sociedad tiene su origen en factores entrelazados, y es por ello que planes aislados no pueden deshacer ese nudo gordiano ni reflejar avances significativos en su reducción. Mientras nuestros gobernantes no entiendan que las políticas deben armonizarse, tristemente seguiremos reportando el fracaso del sistema público de educación, absurdos incrementos en el costo de la vida, elevados índices de criminalidad y fallas en la efectividad de programas de orden social.
Es por ello que los discursos de los funcionarios de la administración Torrijos –quienes con empeño ahora se han dado a la tarea de reclamar a todo pulmón los cúmulos de logros atribuibles al gobierno PRD– resultan huecos, cuando es evidente que no han podido corregir los desequilibrios de un crecimiento económico dispar. Peor aún, siendo Panamá el país de América Latina que destina más dinero per cápita a programas sociales, la hambruna sigue ganando la partida. Confiamos en que el obligado recorte a la propaganda oficial, vaya acompañado de un aumento en la lucha por cerrar la brecha de la desigualdad económica y social.