Cuando en 1976 se declaró el Casco Antiguo como conjunto monumental histórico, se establecieron una serie de parámetros fundamentales para su preservación y recuperación. El respeto por las fachadas y los volúmenes existentes son elementos clave para la puesta en valor de nuestro centro histórico.
La historia que hoy se cuenta, a raíz de una investigación interna llevada a cabo por la Dirección del Patrimonio Histórico sobre dos fincas en la Plaza de la Independencia, es aterradora. Una década entera del más vil desprecio por básicas normas de restauración que han dejado derruidas dos edificaciones que fueron habitadas por próceres, patios que formaron parte de preciados conventos, burdas alteraciones de fachadas y una violación descarada de la altura, son tan solo algunas de la fechorías cometidas.
Además, ha salido a relucir una historia paralela que apunta hacia acciones dolosas cometidas en la tramitación de los planos, que debe ser objeto de la acción inmediata del Ministerio Público, junto a una sanción ejemplar del Inac, y la orden de demolición del armatoste por parte del Municipio. ¡Hasta cuándo!