Muchas críticas hizo la oposición –hoy en el poder– a la pasada administración cuando en 2004 inauguró el puente Centenario, a pesar de que sus accesos no estaban listos. Es el típico afán del gobernante de presentarnos la obra que, a su juicio, será recordada como el icono de su gestión. Y tal como ocurrió ayer, hoy no pudo resistirse este gobierno a hacer lo que en su momento objetó: dio por terminadas obras de la empresa Pycsa en un tramo del Corredor Norte que evidentemente no resisten una mirada crítica.
Es bochornoso que este gobierno y Pycsa –en franca complicidad– se unieran para darnos carreteras con acabados inconclusos y de pésima calidad, y que encima pretenden cobrar como si fueran de primer mundo. Todo esto no es más que la perpetuación de la vieja práctica de aparentar grandes avances con obras mediocres, siempre a costa del usuario. Además, prueba que muchos políticos –sin importar el color de su partido– usan el mismo código para engatusar al ciudadano. Si actuaran como estadistas, no haría falta la constante presión externa para remediar problemas que solo requieren fiscalización oficial y transparencia.