Algunos diputados se han unido para presentar una propuesta que pretende reformar el reglamento de la Asamblea a fin de eliminar –entre otros– los cuestionados privilegios otorgados a los parlamentarios y que en nada favorecen la gestión legislativa. Al contrario, se trata de canonjías que sus titulares licenciosamente venden a terceros para aumentar sus ingresos personales. En consecuencia, las arcas nacionales sufren, el pueblo pierde y los únicos que ganan son los vivarachos que se ingenian para sacar provecho a cuanto beneficio fiscal existe.
Entonces, bien harían los diputados en imprimirle celeridad a la propuesta legislativa y demostrarnos que están dispuestos a trabajar por el bienestar general y no solamente por su propio interés. Es el momento oportuno para dejar sentadas pautas de trasparencia y un procedimiento interno que permita a la ciudadanía fiscalizar y pedir cuentas a aquellos diputados que no cumplen la labor para la cual recibieron el voto popular. A ver si antes que concluya este periodo legislativo, los diputados responsablemente dan vida a los cambios que reclama la sociedad civil.