El cobro de dos meses de salario que se aprobaron los diputados, mediante una jugada trasnochada el pasado lunes, dibuja con espeluznante exactitud la descomposición de nuestros políticos que, además, se vanaglorian públicamente de un hecho que avergonzaría hasta al más carilimpio. El despecho de la derrota la dirigieron contra el erario público, haciéndonos pagar por sus errores, desaciertos como este, precisamente.
En la más concurrida de las reuniones del pleno de las últimas semanas, los diputados se lanzaron sobre dineros que no les pertenecen, pero que se autoconceden aprisa y sin mayor publicidad. Y casi nadie dijo nada: de un bando o de otro aprobaron el entuerto o guardaron silencio cómplice. Qué descaro que para autobeneficiarse, hasta partida en el presupuesto ya tenían contemplada. La buena noticia es que –tras el escándalo– el ardid fue conjurado a tiempo y los millones que nos ahorramos podrían servir para el Órgano Judicial y el Ministerio Público, urgidos de fondos para poder impartir justicia de forma expedita.