El estancamiento en Estados Unidos de la ratificación del tratado de promoción comercial, tuvo al gobierno de Martín Torrijos como argumento y justificación. La elección del cuestionado Pedro Miguel González como presidente de la Asamblea Nacional, nos quitó la oportunidad de cerrar el acuerdo y, de paso, nos ha costado millones de dólares adicionales en asesorías y cabildeos frustrados.
Todo ello nos coloca en una clara posición de desventaja, al borde de aceptar nuevas presiones que se exigen ahora para concluir el convenio. Sensatez y cabeza fría a la hora de comprometer al país a imposiciones adicionales, solo por llevarse esta administración un mérito por ella misma marchitado.
La hora de las negociaciones ya pasó, y es injusto que la potencia estadounidense imponga ahora más condiciones –delicadas y lesivas– sobre nuestra economía de servicios. Estados Unidos está dejando de lado la equidad y buenas intenciones, luego de estrechar la mano en la mesa negociadora que concluyó años de concesiones recíprocas y sacrificios. Ahora el país debe esperar mejores momentos, o que aprecien en Washington la relación con un buen vecino -pobre, pero no ingenuo-. Definitivamente, Panamá puede esperar.