La administración pública panameña refleja la poca seriedad de nuestros funcionarios y la fragilidad de nuestro sistema de gobierno, hecho a la medida de los que quieren evadir su responsabilidad de rendir cuentas. Hablamos de inaugurar obras sin terminar, como la cinta costera, el Corredor Norte, la autopista Panamá-Colón. La institucionalidad es la víctima de estos liderazgos trasnochados.
Pero no es la única que sufre. Allí están los productores que perdieron las preferencias arancelarias en Europa por un desliz que nos ha costado más de 30 millones de dólares. Pero la mayor calamidad es que el gobierno haya prometido buscarle una salida a los perjudicados y hasta ahora la promesa ha resultado tan hueca como las insensatas justificaciones de este perdurable “error”. Sin poder cerrar la boca de tanta sorpresa, ahora nos madrugan con la noticia de que el programa de entrega de luces fluorescentes a la población bajo el plan de ahorro energético, se reducirá a la mitad. O sea, que quedará a medio hacer, como la cinta costera o el Corredor Norte. ¿Cuántas otras lindezas nos tiene aún guardadas la administración Torrijos?