El ingeniero municipal ya tiene ante sí retos importantes. Está claro que la ciudad es bastante hostil para el peatón como para ignorar que hay compañías constructoras que se han apoderado de aceras, calles y servidumbres, como si aquí reinara la ley del más poderoso. Y aunque así fue durante la última década, el Municipio tiene el deber de corregir los errores del pasado y velar por los derechos violados alegremente por estas empresas, que no solo se apropian de lo ajeno, sino que lo destruyen, en abierta burla a las disposiciones vigentes.
Los ciudadanos estamos hartos de la obstrucción de las calles; del cemento que se derrama sobre éstas; de la destrucción de los pasos peatonales; de la falta de estacionamientos; de los abusos y, muy especialmente, de la desidia de las autoridades, que en el pasado se han ofrecido ser las botas de estos empresarios para pisotear nuestros derechos.
Eso incluye la construcción, en el Casco Antiguo, de un polémico condominio que, tras ser suspendido, ha arrancado nuevamente, sin importar que hay disposiciones claras de que está violando la altura de los edificios en esa zona. Es por eso que ¡hay que actuar ya!