Durante el último quinquenio, nuestro medio ambiente fue víctima de un desmedido y constante abuso, tanto por parte de las autoridades como de los inversionistas, que con el pretexto de realizar obras beneficiosas para el país, llevaron a cabo cuanto proyecto se les ocurrió, y en su gran mayoría a costa de daños irreparables a nuestra fauna y flora.
Las dudosas concesiones para la construcción de hidroeléctricas, minas a cielo abierto y las autorizaciones para la construcción de ambiciosos proyectos inmobiliarios en la cuenca del Canal, fueron aprobadas sin importar sus consecuencias. Fue un patético escenario que terminó tirando por la borda estándares ambientales, bajo el alegato de que de otra manera se retrasaría el desarrollo económico del país.
Es hora de exigir a nuestros gobernantes que asuman políticas serias contra el calentamiento global, y sean enérgicos en su cumplimiento. “Calentamiento global” no es una frase de moda, es una realidad y sus consecuencias nos afectan a diario.