Los transportistas han dejado claro que ellos no son parte de la solución, son el problema. Su tozudez les impide ver lo que para todo el mundo es obvio: el sistema que tanto defienden colapsó hace años y sus vehículos son peligrosas trampas de muerte no solo para ellos, sino para usuarios y conductores. Si los transportistas esperan apoyo popular a su desmedido egoísmo están muy equivocados.
Muy frescas tenemos en la memoria las dantescas escenas del bus quemado en la avenida Martín Sosa o los lamentables y constantes accidentes en los que convierten a los usuarios en sus víctimas, como el que ocurrió la semana pasada en el que hubo más de 50 heridos y tres muertos, incluyendo la pérdida de una promesa del boxeo panameño. Ilusos son si creen que con el paro de hoy conseguirán perpetuar esa bufonada que pomposamente ellos llaman sistema de transporte colectivo y del que, hasta hoy, han sido parte y cómplices autoridades, sindicatos y conductores. Es hora ya de poner freno al abuso. Los usuarios no son ciudadanos de segunda y cuando los transportistas lo entiendan quizás puedan ser parte de la solución.