Si las vallas publicitarias colocadas en la ciudad y en las carreteras fueran humo, los panameños hace tiempo estaríamos agonizando. La contaminación visual es tal, que es inexplicable el descontrol que hay en esta materia. Cualquier municipio que cobre por su colocación no tendría necesidad de más impuestos o tasas para funcionar. Son miles y miles, y el crecimiento de esta actividad parece no tener fin. Por el contrario, es tan próspero este comercio que hasta sospechoso es.
Bien valdría la pena investigar el tema, tanto en el Municipio de Panamá como en el Ministerio de Obras Públicas, este último responsable de la servidumbre pública de las carreteras nacionales. No nos sorprendería que en vez de negocio esto sea un gran negociado que empezó hace tiempo, pues no es de ahora la saturación publicitaria en los espacios exteriores, esto lleva años. Y por más que la gente protesta contra este tipo de contaminación, el efecto que causan sus quejas es que surgen más vallas. Los ciudadanos somos mucho más que votos, somos la razón de existir de las autoridades, por lo que exigimos que hagan su trabajo y detengan este abuso contra nuestra salud mental.