El presidente Obama calificó a Edward Kennedy como el "legislador más importante de la historia contemporánea" de su país. Con las honras fúnebres de ayer concluye una carrera de 47 años en el Senado de Estados Unidos iniciada cuando apenas tenía 30. Por encima de los tributos que este patricio ha recibido por su infatigable lucha por los derechos fundamentales y las minorías, la muerte de Kennedy nos devuelve al ser humano, al hombre que con sus virtudes y defectos enfrenta el fin.
Es la pausa que, tarde o temprano, nos encara a todos y que en su enfermedad terminal, nos une en el sufrimiento de quienes padecen de cáncer en los hospitales sin distingo de origen ni condición. Kennedy luchó siempre por que todos los habitantes de su país tuvieran acceso al sistema de salud.
Y cuando el diagnóstico de su condición lo enfrentó a ese balance final entre la esperanza y la realidad, recordó cómo él, en la hora fatal, al menos, contaba con opciones médicas negadas a millones de personas por el solo hecho de no contar con los recursos económicos.