Ese temible perro de tres cabezas que guarda la puerta para que nadie salga del mundo inferior, encontró amo seguro en las sucesivas administraciones PRD y arnulfistas. La práctica iniciada por Ernesto Pérez Balladares de disponer en beneficio de los suyos de millonarias concesiones, fue prontamente imitada por Mireya Moscoso. Al amparo de unos insaciables operadores extranjeros (que deberían ser investigados en sus países por soborno internacional), llenaron el país de salas de juego para estrujarle hasta el último balboa a los mismos incautos a quienes les sustrajeron el voto con la promesa de un Panamá mejor. ¡Vergüenza nacional por un actuar hipócrita y deshonesto! Y ojo, que los mismos que antes han servido para tan criminal picardía, hoy sirven a una administración que ha prometido que las cosas serán diferentes. El castigo debe ser ejemplar para todos, los de antes y los de ahora, si la corrupción realmente va a ser controlada. Ojo, que el can que protege a los corruptos carece de dueño absoluto ya que solo reconoce al que manda y le da de comer.
Hoy por Hoy 2009/08/31
31 ago 2009 - 05:00 AM