Un brindis por los mimos y toda campaña que busque mejorar el comportamiento de los residentes de las urbes del país. La modalidad ensayada –que encuentra magníficos antecedentes en exitosas iniciativas llevadas a cabo en Bogotá y otras ciudades latinoamericanas– busca señalar con la sanción moral a quienes ensucian parques y avenidas. Detrás de la enseñanza mediante la ridiculización habrá de seguir la sanción a los reincidentes para lograr cambios de conducta permanente. Son muchos los hábitos que tenemos que enderezar los panameños en este esfuerzo por convivir en armonía.
Ensuciar la vía pública es un acto tan común, como lo es el ruido inmisericorde y descontrolado que padecemos en cada centímetro de ciudad y que va desde las bocinas a todo volumen –sin el menor respeto por la paz de los vecinos– hasta las ensordecedoras troneras del transporte público o el eterno “pitar” de los particulares. Aplausos a cualquier iniciativa pública que busque una convivencia menos agresiva, que promueva el comedimiento y los buenos modales o que, a fin de cuentas, rescate aquella asignatura perdida hace décadas llamada urbanidad.