Con su muy vernacular eslogan de “se podrá meter la pata, pero no la mano” el presidente Martinelli nos prometió atajar la corrupción de raíz. Los panameños compramos su promesa de cambio asqueados como estamos de la podredumbre acumulada por tres administraciones seguidas, cada una compitiendo con la anterior en cuanto al número y tamaño del atraco. Ahora que el primer caso toca a las puertas de su propia administración, los panameños esperamos del nuevo mandatario una sanción pronta y ejemplar.
Pero hay más: la ley de transparencia, que busca prevenir este flagelo y contiene disposiciones claras sobre información de acceso público, está siendo ignorada por la mayoría de las instituciones del actual gobierno, ignorando que la primera barrera preventiva se alza, precisamente, actualizando los portales con las planillas e información básica que obligatoriamente debe estar disponible a quien la quiera consultar, dándole a los ciudadanos herramientas básicas como vigilantes de las mil tentaciones que el poder y los bienes ajenos incitan.