¿Quién entiende a nuestros diputados? Veteranos o novatos, tan pronto empieza la legislatura, quedan al descubierto sus verdaderas intenciones, alejándose cada día más del ideal de “representante del pueblo y fiscalizador” que los ciudadanos esperamos de ellos. Además de dilatar –burdamente– las tan prometidas reformas al reglamento interno que disminuirían los escandalosos privilegios autoconferidos, ahora se preparan para blindar aún más, y con descarado sigilo, la actividad legislativa.
Ha sido gracias a la Gaceta Oficial que los panameños nos hemos enterado de que aquel órgano del Estado ha decidido cubrir con una sombra adicional la de por sí oscura labor que llevan a cabo. Nuestros diputados consideran inoportuno que los ciudadanos sepamos en detalle lo que hacen. La resolución suscrita, además de violar abiertamente la misma Ley de Transparencia aprobada unánimemente por ellos luego del escándalo del Cemis, retrata de cuerpo entero a sus autores y su deseo de preservar los acuerdos de recámara que los han hecho célebres.