Con abundante alusión a las conocidas frases del desaparecido general Omar Torrijos, los dirigentes del PRD –Balbina Herrera, Martín Torrijos y Juan Carlos Navarro– decidieron ayer, junto a Ernesto Pérez Balladares, hacer causa común para enfrentar los malos tiempos que vive el partido político más grande del país, tras la contundente derrota electoral del pasado mayo.
Enhorabuena si el objetivo es fortalecer la democracia partidaria panameña, que requiere de una activa y seria oposición política. Malo, si ese llamado de unidad se hace con el estratégico propósito de esconder –una vez más– los trapos sucios de la corrupción bajo una alfombra ya demasiado cargada de basura.
Los mea culpas expresados ayer por Herrera, Torrijos y Navarro, así como las altaneras e histriónicas acusaciones de Pérez Balladares, bien podrían ser parte de una patética puesta en escena para que nada cambie en un partido que, tras la invasión militar de diciembre de 1989, dijo haber aprendido las lecciones de la historia, y aceptado las reglas de la democracia y del estado de derecho. La base del colectivo tiene, en realidad, la última palabra.