Quizá el movimiento magisterial tenga algo que celebrar el 9 de octubre, fecha que marca el aniversario número 30 de aquel movimiento que puso fin a una reforma educativa que buscaba imponer el régimen militar de entonces.
Pero el resto de los panameños no tenemos mucho que festejar. Los gremios docentes se han convertido en el principal obstáculo –qué lamentable ironía– para que la educación progrese, y con ella nuestra juventud. La educación es la gran asignatura pendiente, que reprobamos una y otra vez.
Es inconcebible que llevemos 40 años de retraso solo porque los dirigentes de un gremio –antes respetable y digno– aprovechen su condición de líderes para hacer política. Si tantas ganas tienen de incursionar en ella, ahí están los partidos. Imperdonable es que hayan convertido la educación en su rehén político.