Desde hace muchos años existe la arraigada idea de que no hay mejor forma de celebrar las efemérides patrias, que emular militares. Nos hemos acostumbrado a que cada 3 de noviembre, una parafernalia de marchas y uniformes se convierte en el actor principal. El entusiasmo de los estudiantes es cautivante, al punto de que los gobernantes temen diferencias con ellos por motivo de los desfiles.
No obstante, el gobierno no puede soslayar la realidad que vivimos. Mucho dijo el Ministerio de Salud acerca de los cuidados que se imponían durante los desfiles patrios, por motivos del peligro que el virus A(H1N1) genera para la población. Pero al parecer, las autoridades se olvidaron que la copiosa lluvia de estos días es el mejor medio para el contagio y exposición a dicho virus.
Por ello, no hay explicación razonable que justifique la omisión de los gobernantes en impedir que se realizaran los desfiles bajo la intensa lluvia de ayer. La conducta de nuestros gobernantes es, por decir lo menos, reprochable. Otra muestra más de un populismo altamente riesgoso.