Colón ha sido siempre escenario de fogosos discursos políticos, en los que han prevalecido tantas promesas como problemas tiene esta importante zona del país. No es coincidencia tal oferta de soluciones, ya que sus habitantes conviven con peligrosas pandillas, con la violencia, el desempleo y la marginación.
El Presidente visitó ayer la provincia atlántica, ocasión que aprovechó para repetir las promesas que durante décadas han escuchado los colonenses –con infinita paciencia– de todos los políticos. No es falta de riqueza la razón por la que Colón sufre; han sido la desidia, la dejadez y el desinterés, los motores del olvido.
El precio que han pagado y siguen pagando los niños, jóvenes, adultos y ancianos es muy alto. Confiamos, por el bienestar de estos conciudadanos panameños, que los compromisos adquiridos ayer por el recién estrenado gobernante, sean respetados y honrados. Después de tanta frustración y engaño, Colón está a punto de un estallido social, cuyos primeros síntomas se han hecho sentir. Todo indica que hay esperanzas, pero lo que ya no queda mucho es tiempo ni paciencia.