Bosco Vallarino ha resultado ser su peor enemigo. De paso, está empeñado en arrastrar con sus disparatadas acciones a la comuna capitalina. Le mintió al electorado sobre su condición ciudadana, pero lo resolvió temporalmente echando mano de la mayoría oficialista en la Asamblea Nacional (que le aprobó una muy cuestionada resolución con efectos retroactivos).
Mientras en la Corte Suprema de Justicia está pendiente por resolver la validez de su capacidad para haber siquiera sido elegido, los ciudadanos somos sorprendidos cada semana con un nuevo capítulo de deshonestidad, de incapacidad y de incompetencia. Y como el funcionario parece que ni siquiera comprende sus responsabilidades primarias como alcalde, la fantasía y la frivolidad han inundado su administración. Roxana Méndez, mujer decente, seria y responsable, ha optado por tomar distancia, en un gesto consecuente con su trayectoria de rectitud y servicio público. ¡Qué pérdida tan enorme para la Alcaldía, y qué carga tan pesada para la ciudad!