Con una metáfora basada en el béisbol, el burgomaestre capitalino inició la que sería una serie de erráticas declaraciones. En ese momento afirmó que él aplicaba la ley de los “tres strikes”. Esto implicaba que de su parte daba oportunidades a sus subordinados, y no los destituía por los primeros dos errores.
Lo que no aclaró el alcalde Vallarino, era si la regla mencionada era válida para sí mismo. Por lo visto no. Resulta que el Alcalde ha tenido mucho más de tres strikes y sigue impávido. No muestra enmienda en sus actuaciones públicas. Lo que sigue ahora son las finanzas municipales de 2010. Para el próximo año, el Municipio de Panamá destinará más dinero a gastos de funcionamiento y menos a inversión.
En una ciudad de tantas necesidades como la capital, se requiere todo lo contrario. En adición a esto, el soporte político perdido por él en los últimos días nos barrunta un alcalde solo, sin apoyo y en manos de su oposición. El espacio para maniobrar en ese contexto es angosto. Esto solo se traduce en ineficacia de la función alcaldicia y falta de solución a los problemas de los más necesitados. No hay cambio que se perciba.