“A diario vemos el sufrimiento de los usuarios [del transporte público], quienes arriesgan su vida viajando en los ‘diablos rojos’ y donde son tratados como si fuesen ganado... Aquí los buses se incendian, matando a gente inocente, y nada pasa”.
Son palabras del hoy presidente de la República, Ricardo Martinelli, publicadas en abril del año pasado. Es por ello que es inconcebible que sea, precisamente, su gobierno el que vaya a pagar indemnizaciones a los buseros, cuando muchos de ellos actúan como malhechores, drogándose y poniendo en riesgo la vida de pasajeros, peatones y conductores. Adémás, pagar 25 mil dólares por buses, que en su mayoría son verdaderas chatarras, es un insulto para todos nosotros –pues será con nuestros impuestos que pagarán– y para los usuarios que, como bien acusa el propio Martinelli, han sido tratados como ganado. Ya bastante han conseguido los buseros, que han actuado con total impunidad, con la mirada cómplice de las autoridades.