Con la misma meticulosidad que los capos de la droga han logrado armar una intrincada red de sociedades y testaferros para poder hacerse de los millones que reciben producto del narcotráfico, la corrupción de funcionarios ha encontrado esquemas similares para tratar de esconder los negociados que hicieron con empresarios corruptos a su paso por el poder. Se llama “blanqueo de capitales” y ambas conductas constituyen delito en Panamá. El dolo es evidente: con premeditación se busca esconder ingresos ilícitamente obtenidos, “lavándolos” para que el verdadero dueño haga uso final de ellos por complejos caminos que lo insertan al mundo de las fortunas legítimas. Las pruebas que ya maneja el Ministerio Público, algunas publicadas y otras en manos de sus fiscales, no dejan duda de que los bolsillos del ex presidente están repletos de plata mal habida. La duda ciudadana a estas alturas no recae en el origen de la fortuna de Pérez, sino en que si la justicia tendrá la valentía de aplicar las leyes de la República y demostrarnos que los delitos se persiguen, sea quien sea el delincuente.
Hoy por Hoy 2009/11/30
30 nov 2009 - 05:00 AM