Hoy se conmemora el esfuerzo mundial de la lucha contra la corrupción. La ONU finalmente tomó conciencia de la necesidad de combatir dicho flagelo, dados los males que genera –especialmente el incremento en las desigualdades sociales y el debilitamiento de las instituciones democráticas–, porque es una suerte de cáncer social. El esfuerzo requiere de medidas que operen en toda la sociedad, ya que el ataque debe ser por igual a sus dos componentes: corruptor y corrupto. Ambos tienen que ser castigados, sin distinción.
Aunque parezca una quimera, los resultados de este esfuerzo se abren paso: Costa Rica y Taiwan ofrecieron, este año, hermosos ejemplos de precedentes de implacable persecución a los corruptos. Italia, a su vez, apuesta por esta opción al encausar a su Presidente. Y en Panamá se atisba un cambio de ruta positivo. El Ministerio Público, de forma inédita, adelanta importantes investigaciones que requerirán de un Órgano Judicial aliado en la lucha contra la corrupción, y es por ello que en este día reiteramos la necesidad de designar como nuevos magistrados a personas capaces de lograr este fin.