Todas las luces rojas se habían encendido: un funcionario con una discrecionalidad enorme, ante quien pasaban contractos millonarios mientras que la ciudad era testigo del irrespeto absoluto a las normas urbanas más elementales. Sumado a esto, el funcionario llevaba un estilo de vida bastante por encima al que sus emolumentos oficiales permitían. Es un caso clásico que encaja en el tipo penal de enriquecimiento con base en la corrupción y que el Ministerio Público acertadamente ha decidido investigar.
El portafolio de irregularidades dejado por el ex Ingeniero Municipal –intimo colaborador y protegido del alcalde Juan Carlos Navarro– es extenso; desde edificaciones en abierta violación a densidades y líneas de construcción, hasta permisos de ocupación dados sin que los apartamentos fueran habitables. Imposible es aceptar que todos estos años Jaime Salas actuara solo. Navarro –genio en esquivar responsabilidades durante su década como alcalde– nos hará creer ahora que era un nombramiento del Concejo y demás excusas, pero los hechos dejan sus huellas: ¿era sencillamente ciego y sordo sobre lo que ocurría en la ciudad, o su mutismo antes el caos urbano tenía vicios de complicidad?