El mundo se llenó de esperanzas cuando los líderes de 110 países aceptaron participar en la Cumbre Climática de Copenhague. Era imposible imaginar que sería una gran charada para limpiar las caras de los gobernantes, que no se atrevieron a enfrentar las consecuencias de tipo económico que traerían para sus respectivos países la reglamentación de la emisión de los gases con efecto invernadero. Hoy, con un acuerdo sin fondo y sin un verdadero compromiso, nos enfrentamos a la furia del cambio climático.
Fuertes tormentas de nieve han caído durante los últimos días en varios países cobrando ya la vida de decenas de seres humanos. En Panamá los efectos del fenómeno de El Niño azotarán con lo que tal vez será uno de los veranos más secos y extensos de los últimos años, mientras que en las islas del Pacífico Sur no han tenido tregua entre terremotos, erupciones volcánicas e inundaciones catastróficas. Ante el inminente fracaso de la cumbre climática de las dos últimas semanas y a la falta de un acuerdo sobre este tema, a países como Panamá les tocará proteger su rica biodiversidad y sus bosques, como contribución a una causa que es la de toda la civilización.