No se esperan sorpresas. Los diputados se prepararaban en la madrugada de hoy a inclinarse servilmente ante el poder que ejerce el Ejecutivo sobre sus frágiles voluntades, para aprobar las nominaciones que hizo el Presidente de los dos nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia –y sus suplentes–, pese a que sus nombramientos desafían a muchos que creyeron en sus promesas de cambio. Con groseras y sucias jugarretas, los diputados rechazaron a hurtadillas un recurso legal contra la designación de los magistrados.
Y ayer, en vísperas de Nochebuena, ya estaban listos para regalarnos un madrugonazo, como los que nos ofreció el PRD y que tantas veces ellos criticaron. La palabra vergüenza quedó borrada del vocabulario de los diputados tras su infame decisión de hacer más de lo mismo y usurpar de forma tan ruin la voluntad popular. Es por ello que poco podemos esperar de los futuros magistrados, pues llegarán a la Corte Suprema de Justicia viciados del mismo mal que aqueja a quienes hoy alegremente los ratifican: falta de independencia. Qué forma tan vil de desperdiciar la oportunidad de conducir a Panamá por la senda de la institucionalidad.