Una reforma fiscal como la que lleva adelante el actual gobierno, debería responder a un plan maestro a fin de hacer más equitativa la riqueza nacional. Está probado que son las desigualdades sociales las que generan toda clase de problemas, entre ellos, el más grave que afronta el país: la seguridad ciudadana. No obstante, los políticos han sido incapaces de trazar –y mucho menos desarrollar– un proyecto de Estado que nos permita salir del atolladero social en el que cada día nos hundimos más.
Es una completa insensatez que cada gobierno se aparezca con su propio plan, que en la mayoría de los casos no es más que el reflejo de una agenda oculta cuya principal meta es perpetuarse en el poder. Esos mismos políticos nos venden la idea de que cumplen su cometido al “invertir” centenares de millones de dólares en educación, salud o seguridad, cuando la realidad es que han sido gastos ineficientes, recursos devorados por una hambrienta planilla de burócratas, muchos de ellos elegidos bajo el criterio del aborrecible clientelismo político. Sí, la reforma fiscal producirá más dinero, ¿pero generará más riqueza?