En varias ocasiones hemos advertido la necesidad de que exista una oposición política que sea robusta, coherente y efectiva; así lo exige la democracia. Esto no podrá lograrse si el partido más grande del país y ahora en oposición, el PRD, es guiado por personas que, como la mayoría de sus líderes pasados, se han servido de la política y del país. Dos de sus actuales líderes, que suponen su nueva sangre, Leandro Ávila y Pedro Miguel González, tomaron parte en el escándalo del FIS. Han sido, ambos, alumnos sobresalientes de sus maestros.
La mala noticia es que la oposición política representada en estos señores no aportará nada constructivo, ya que, como sus antecesores, no les interesa el bienestar del país. Se requiere de una renovación profunda de la clase política, que modelos como los que ofrecen estos dos políticos sean desterrados y reemplazados por personas que deseen construir un nuevo PRD. Al final, estos señores, como dijera un popular eslogan acuñado por gobiernos PRD, utilizado en tiempos de la dictadura, son “la misma gente en su mismo ambiente”.