A la sociedad civil, los gremios, cámaras de comercio, asociaciones profesionales y hasta a la Iglesia nos va a tocar iniciar, con apremio, un movimiento de adecentamiento nacional. La clase política ha perdido la razón y, tarde o temprano, la crisis política que se avecina tendrá funestas consecuencias en la sociedad, en la economía y en el bienestar personal. Las demenciales acciones del Ejecutivo nos dejan perplejos. No conoce, en la forma ni en el fondo, lo que la separación de poderes significa para la democracia. Tristemente, en el Gabinete no ha habido ministros capaces de frenar las aberraciones constitucionales que se han dado, como tampoco parecen existir en su alianza partidaria. La Asamblea Nacional y la Corte Suprema son caricaturas, en lo que a independencia nos referimos. Y lo peor es que el PRD no tiene credibilidad alguna, ya que en sus gobiernos fue cuando precisamente se inició este abominable desprecio por la institucionalidad, que luego fue imitado con pericia por Moscoso. Cuán lamentable es descubrir que este país, cuando se trata de defender principios fundamentales, encuentra a su paso cada vez más serviles y menos patriotas.
Hoy por Hoy 2010/02/06
06 feb 2010 - 05:00 AM