El Mercado del Marisco, que está bajo la administración del Municipio de Panamá, llevaba años dando buen servicio a los capitalinos en un ambiente pulcro y aseado... hasta que esta administración se hizo cargo de su operación. Nuestro flamante alcalde, cual rey Midas –solo que al revés–, lo ha convertido en un lugar maloliente, lleno de moscas... todo, en la víspera de la Cuaresma, cuando la afluencia de clientes aumenta.
Sus administradores alegan que es un problema de presupuesto, lo cual es inconcebible, luego que se aprobara el mayor presupuesto de la historia de este Municipio. O sea que al insoportable problema de la basura, a las cuentas poco claras de una Navidad municipal que lo que tuvo de grande fue el disparate de pretender romper un récord Guinness, a la idea de comprar piscinas en medio de una virtual escasez de agua, y a la restaura-destrucción del Palacio Municipal, ahora se suma la negligencia de echar a perder una de las joyas del Municipio.
El alcalde no parece aprender de sus errores, pues cada vez son más y peores. Si lo que busca es romper marcas, con cada palabra, acción u omisión suya lo logra. Nadie lo supera.