Desde sus inicios, la administración del presidente, Ricardo Martinelli, ha tenido como práctica común realizar la mayoría de las contrataciones -sin importar su monto o su falta de urgencia- de forma directa, ignorando por completo los procedimientos que establece la ley para realizar contrataciones públicas.
Es vergonzoso que precisamente el Gobierno, que debe ser ejemplo de transparencia y cumplimiento de la ley, sea quien utilice los atajos que la mala interpretación de algunas leyes permite, para beneficiar a sus allegados con el otorgamiento de contratos directos por cuantías millonarias, sin siquiera tomar en cuenta la experiencia que tienen las empresas contratadas en la realización de obras para el supuesto beneficio de los panameños más humildes.
Es hora de que tanta bribonada acabe y que el Gobierno se encargue de administrar el erario público con la diligencia de un buen padre de familia, en beneficio de todos los panameños y no de unos cuantos, que hoy reclaman a cualquier costo el pedazo del pastel que en campaña electoral les fue prometido. ¡La transparencia urge en la administración pública, señor Presidente!