El desastre ocurrido con el alcantarillado encargado por el FIS para la ciudad de Colón, ratifica lo que antes dimos a conocer: que los recursos del FIS eran el tesoro del que echaron mano personas inescrupulosas que incrementaron su bienestar a costa del resto de los panameños. Es importante advertir que, por lo general, solo se critica al político o funcionario envuelto en el caso concreto. Pero la ecuación no está completa sin que haya particulares juega vivos que se presten para la corrupción o que induzcan a ella.
Para que haya un corrupto se requiere un corruptor, ambos componentes dan origen al ignominioso mal que cada día parece ser mayor, sin que nada que hagan las autoridades pueda castigarlo y menos combatirlo. El sistema parece estar diseñado para esto. Se requieren serios cambios que eviten o castiguen a los avivatos, particulares y servidores públicos, que drenan indebidamente las arcas del Estado; o bien, corrompen a funcionarios para obtener inconfesables beneficios. Las designaciones hechas por Martinelli en la Contraloría, el Ministerio Público y la Corte Suprema de Justicia, no apuntan a que mejore esta situación. Por el contrario, la ausencia de independencia en los nombrados es una pésima noticia para nuestra democracia.