De tumbo en tumbo, una justicia que recibe golpes y más golpes hasta convertirse en triste y doloroso hazmerreír. ¿Cómo es posible que hasta las fianzas de excarcelación sean burladas por cuanto leguleyo de patio tome el caso, ante la pasividad de nuestros fiscales y jueces? Son ya demasiados los procesos en que nuestros administradores de justicia dejan que meros formalismos hagan desaparecer el fondo real de las controversias, burlados por detenidos que salen y entran del país o de hospitales privados, o van a reuniones políticas o se sientan en el mismo avión que los fiscales que ordenaron su detención.
Impávidas continúan nuestras autoridades, hasta que un medio de comunicación o un tercero les sople los descaros cometidos. ¿Cuándo impondrán los jueces sanciones tanto a los procesados como a sus abogados por los abusos a la buena fe? Y el Colegio de Abogados, que tiene el deber de exigir el cumplimiento de tantos principios y códigos éticos a los “colaboradores” de la justicia –que es como llama a sus miembros– ¿algún día nos sorprenderá con sanciones ejemplares y públicas a los letrados?