El ejercicio del poder en una democracia exige permanente consulta con la sociedad. Esta es una de las funciones delegadas al parlamento. Desafortunadamente, cuando esta función no se cumple, la sociedad se abre paso hacia sus gobernantes y crea vínculos alternos de consulta. Ejemplo de esto es lo que en nuestro país se denominó la “concertación”.
El actual gobernante, de hecho y de palabra, dejó saber desde el inicio de su gestión que no gobernaría consultando a la sociedad, lo que acabó de raíz con la concertación. Los mejores ejemplos de su decisión fueron las designaciones en la Corte y la Contraloría. Ahora propone consultas populares para los temas que su agenda requiera. Esto tiene un nombre bien conocido: demagogia.
Resulta difícil de creer que el nivel de aceptación que se refleje en las encuestas sea el criterio primario de decisión del Ejecutivo. Este país no soporta un gasto de $8 millones sin sentido. A dicha cantidad se suma la millonada de publicidad estatal que se destinará a captar el voto en la propuesta de su preferencia. Al Ejecutivo: si desea consultar, reactive la concertación; si desea volver a disfrutar de altos niveles de aceptación, cumpla sus promesas de campaña.