El gobierno de Martinelli ha logrado la aprobación de la segunda parte de su plan tributario. Conforme a sus voceros, esta reforma cumple los propósitos de generar los ingresos que le permitirán construir las obras de infraestructura que considera más importantes, y mantener los nuevos programas de mitigación a la pobreza.
Otra de las razones para la aprobación del segundo componente de la reforma tributaria gestada por el Gobierno es satisfacer los presupuestos para que el país reciba la calificación que le permita disfrutar de grado de inversión.
Lograr tal opinión de parte de las empresas calificadoras de riesgos debe reportar para el país instrumentos útiles para mejorar las condiciones de todos los panameños. El esfuerzo es loable y merece apoyo. Ello exige que el Gobierno actúe responsablemente.
Su seriedad debe ser palpable en el manejo del gasto público; se requiere que los programas que sean destinatarios de los ingresos estatales no sean populistas ni demagógicos.
El Ejecutivo debe sacar sus manos de la justicia y reforzar la institucionalidad. No cabe espacio para actuar con criterios “encuestoreros”. Las acciones estatales deben ser sustentadas en el bienestar de todos los panameños.