Encarar las graves consecuencias que enfrenta la humanidad como resultado del cambio climático requiere, en primer lugar, de la toma de conciencia de todos. Y justamente con ese objetivo, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) organiza hace ya tres años la llamada “hora del planeta”, como una campaña mundial de sensibilización pública.
Si bien este año se logró que algunos edificios emblemáticos de la ciudad –como el de la Administración del Canal o la torre de Panamá la Vieja– se apagaran, la nota característica de la jornada de solo una hora de la noche de ayer fue la indiferencia ciudadana y empresarial. La mayoría de los más que abundantes letreros luminosos existentes en cada esquina de esta ciudad, permanecieron indiferentes al reclamo de la tierra.
Sin duda, muchos actores anónimos se sumaron al gesto, pero sin duda también, los que más pueden hacerse sentir, dejaron pasar anoche una gran oportunidad. “Un gesto es un símbolo, pero mil millones de gestos, una acción global por el clima”, es el mensaje de los organizadores mundiales de la actividad. Panamá se quedó anoche corta en gestos. Es largo el camino por recorrer.