Con la implementación del nuevo sistema de semaforización en la ciudad capital, la Autoridad de Tránsito busca poner fin al desorden vial que se vive en esta ciudad. Sin embargo este proyecto -que por sí solo es de dimensiones titánicas- necesita más que tan solo colocar decenas de semáforos o reordenar la vialidad capitalina.
De una vez por todas, es hora de que los panameños asumamos nuestro rol de ciudadanos responsables y respetemos las normas esenciales de cortesía que garantizan una convivencia pacífica. El juega vivo entre conductores y peatones tiene que desaparecer, así se evitarían tantos accidentes de consecuencias fatales. Aplaudimos la iniciativa de incluir la educación vial dentro de los programas educativos.
Tal vez así lograremos una sociedad en la que la ira del conductor, la contaminación acústica producto del excesivo sonar de las bocinas y la falta de cortesía al conducir desaparezcan. De la mano del progreso económico que vive el país, es imperante que el desorden vial esté ausente, si es que queremos algún día formar parte del grupo de aquellos de primer mundo.