En 1997, y tras un proceso de consenso entre sociedad civil, grupos empresariales y partidos políticos, se aprobó el Plan Regional para el Desarrollo de la Región Interoceánica, que contenía las distintas categorías de uso de suelo para la enorme cantidad de tierra e infraestructura recibida por el país como consecuencia de la recuperación del Canal. En ese momento había una preocupación especial: mantener y proteger esa maravilla boscosa que obtuvo Panamá como un inesperado bono.
Antes, en 1985, nacía el Parque Natural Metropolitano -también protegido por una ley-, que hizo de la capital de la República la única en contar con un bosque tropical en el centro mismo de la ciudad. Hoy, un recorrido por lo que debió ser un modelo de desarrollo urbano a imitar -las llamadas áreas revertidas- causa angustia. Pérdida de bosques, zonas verdes y espacios públicos; destrucción de una especial arquitectura que armonizaba con nuestro clima tropical y que respetaba el entorno. El modelo depredador ha ido ganando terreno y los panameños lo hemos permitido.