Como bien conocen los diputados, de la Presidencia salió la iniciativa de castigar con cárcel hasta por dos años a los manifestantes que cierren calles. Aunque los abusos de tantos años llevados a cabo en democracia –principalmente por el Suntracs–, han colmado la paciencia de todos y han sido reiteradamente censurados desde esta misma columna, la norma que se aprobará mañana en la Asamblea Nacional, además de exagerada, es peligrosa.
Ojalá no tengamos que volver a salir a las calles en defensa de la libertad y la democracia pero, de ser necesario, este gobierno habrá dejado en la armería un útil instrumento de opresión.
Ya el presidente, Ricardo Martinelli, ha sembrado dudas en cuanto a su tolerancia a la crítica, olvidando la década en que censuraba ácidamente a los políticos de antaño. A pesar de que buena parte de la oscura noche de la tiranía la pasó detrás de una caja registradora, no fue ajeno a lo que sucedía en el país, como bien deben recordárselo el par de ministros que sí arriesgaron vida y bienes entonces y que, ahora en el poder, no pueden permitir semejante peligro.