Tras pagar casi 200 millones de dólares por la cinta costera, la obra sigue careciendo de un buen padre de familia. Si bien nació para aliviar el congestionamiento vehicular, era un proyecto dirigido especialmente al esparcimiento de los habitantes de la capital.
Pero, tras un año de uso, la cinta enfrenta serios problemas: estructuras y facilidades vandalizadas, basura, defectos de construcción, árboles inexistentes, mendicidad y un largo etcétera. Todo ante la mirada impasible de las autoridades, entre ellas, el alcalde, quien, sin embargo, no dudó ni un instante en convertirla en una extravagante parodia de Belén en diciembre pasado.
Tras la fiesta, la obra quedó como zona de guerra y desde entonces los problemas se han agravado. Por otro lado, el Gobierno comparte responsabilidades con la Alcaldía, pero tampoco ha hecho mucho por conservar su integridad. De hecho, está moroso pues aún no ha nombrado a los integrantes del patronato que velaría por su mantenimiento. La otrora obra política del PRD es hoy un monumento a la desidia. Es también la clara manifestación de que somos la viva encarnación del tercermundismo.