En la pasada administración, la oposición –y hasta el oficialismo– frecuentemente y con mucha sorna le decía al entonces alcalde, Juan Carlos Navarro, que se dedicara a recoger la basura. Hoy, al nuevo alcalde Bosco Vallarino ni siquiera le pueden pedir eso. El Ejecutivo ha tenido que intervenir, no solo para destinar fondos para recoger la basura en la capital, sino que está considerando asumir totalmente este servicio. Y en medio de lo que ha sido la peor crisis de la recolección de basura en los últimos años, se informa que los precios de los nuevos camiones –compra aprobada para hacerla sin licitación– están inflados.
La acción del Presidente –por si el alcalde no lo ha notado– es una clara crítica a su gestión, plagada de escándalos y desaciertos. No ha bastado que el alcalde guarde prudente silencio; el gobernante empieza a actuar por él, y no es para menos. Hasta el Ministerio de Salud ha emitido alertas por la grave situación que puede presentarse por la acumulación de basura. Si así siguen las cosas, la Alcaldía se convertirá en un cascarón, pues si este alcalde no puede ni recoger la basura, no sabemos entonces para qué más servirá.