Los constantes ataques de servidores públicos a gremios y organizaciones de la sociedad civil revelan el carácter autoritario del gobierno en su conjunto. Es lamentable y muy preocupante esta falta de tolerancia a la crítica, a las opiniones diversas, y flaco favor se hace el gobierno al desacreditar a organizaciones o personas que lo único que pretenden –al igual que lo prometió esta administración– es lograr un cambio de actitud para construir un país mejor.
¿Cómo puede alguien oponerse a ello? Recordemos que las obras del hombre están llenas de imperfecciones. Señalar estos errores, precisamente, es lo que nos hace rectificar. Pero para los funcionarios que nos gobiernan, la crítica es sencillamente intolerable. Esa tozudez y la soberbia propia del poderoso tienen poca acogida en nuestra sociedad. Y no deben olvidar que fue esta misma sociedad la que en unos comicios le entregó el mando del país a este gobierno, pero no fue un cheque en blanco. Este país es de todos, no es la finca privada de alguien. Es en la tolerancia donde se encuentran los cimientos de la democracia. ¡Empiecen a respetarla!