Los partidos políticos que comparten el poder parecen estar enfrascados en una lucha interna –por no decir fraternal– que podría estar desgastando las bases mismas de la alianza. Pero, al margen de esta batalla por la hegemonía política, lo importante es el tiempo que estos políticos-funcionarios deben invertir en tratar de contrarrestar los esfuerzos que hacen sus contrarios para atraer a sus copartidarios.
Porque hay que decirlo, los funcionarios de alto perfil son, al mismo tiempo, las cabezas de sus partidos y autoridades del engranaje gubernamental, dando como resultado que no hacen bien una cosa ni otra. Es absurdo que no bien han llegado al poder, los partidos políticos estén haciendo todo lo que tienen a su alcance para perpetuarse en él, cuando lo que deben hacer es cumplir sus promesas de campaña.
Yeste gobierno no es la excepción. En menos de un año, el Presidente ya tiene un “ungido” para las elecciones de 2014, al tiempo que realiza negociaciones para fusionarse con otros partidos de la alianza. Pareciera que la carrera por el poder ya empezó. ¿Acaso esto no es un disparate?